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Tercera carta a Roger Ríos Duarte

                            

 
Casco antigüo de Ciudad de Panamá



Las ciudades y el cielo.4

“Llamados a dictar las normas de la fundación de Perinzia, los astrónomos establecieron el lugar y el día según la posición de las estrellas, trazaron las líneas cruzadas del decumano y del cardo orientadas la una siguiendo el curso del sol y la otra siguiendo el eje en torno al cual giran los cielos, dividieron el mapa según las doce casas del zodíaco de manera que cada templo y cada barrio recibiese el justo influjo de las constelaciones oportunas, fijaron el punto de las murallas donde se abrirían las puertas previendo que cada una encuadrase un eclipse de luna en los próximos mil años. Perinzia —aseguraron— reflejaría la armonía del firmamento; la razón de la naturaleza y la gracia de los dioses darían forma a los destinos de sus habitantes.
Siguiendo con exactitud los cálculos de los astrónomos, fue edificada Perinzia; gentes diversas vinieron a poblarla; la primera generación de los nacidos en Perinzia empezó a crecer entre sus muros, y llegaron a su vez a la edad de casarse y tener hijos.
En las calles y plazas de Perinzia hoy encuentras lisiados, enanos, jorobados, obesos, mujeres barbudas. Pero lo peor no se ve; gritos guturales suben desde los sótanos y los graneros, donde las familias esconden a sus hijos de tres cabezas o seis piernas.
Los astrónomos de Perinzia se encuentran frente a una difícil alternativa: o admitir que todos sus cálculos están equivocados y que sus cifras no consiguen describir el cielo, o que el orden de los dioses es exactamente el que se refleja en la ciudad de los monstruos.”

Ítalo Calvino. Las ciudades invisibles

           

… y el mar… las aves del paraíso… Limón… y Calvino, de vuelta a Calvino, como si caminara para ampararme bajo la sombra de un infinito baobab. Mis ideas sobre la ciudad de Puerto Limón a la luz de un Plan de Ordenación Urbana van abriéndose como en miles de estambres a la espera de ser polinizados.

He de confesarte que en mala hora leí el informe sobre la consultoría de la FLACSO; me dejó un mal sabor, había en él unos filamentos verdaderamente condenatorios, amarrados a una visión tan de clase media y a una insidiosa perspectiva tematizada sobre «el turismo», que si José María hubiera leído eso antes de zarpar, ahora no tendría yo la huelga de sus besos, ni estaría suspirando por las rozaduras de su barba desde hace casi un año. Es un informe con el que se puede coincidir en algunas cosas, y son de agradecer, ciertamente, algunas caracterizaciones; pero supongo que ahora es tarde lamentar su retrasada lectura y supongo también que me ha fastidiado bastante en cuanto sigo teniendo unas perspectivas que guardan distancias con esa consultoría, por lo menos en el «modelo de ciudad» del que hacen punto de partida y punto de llegada, a modo de lente por el cual se debe interpretar toda la lectura, mi distancia con algunos conceptos allí esgrimidos; la perspectiva funcionalista que destila. Trataré de amarrar los porqués sin que se me escape ninguno, por ésta última vez

Dice Calvino, recordándonos ciertos orígenes mágico-esotéricos en la fundación de ciudades, que Perinzia vio luz después que sus astrónomos, consultando las leyes del cielo, trazaron debidamente las coordenadas de sus muros haciendo de ella una especie de cartografía de los influjos celestiales del universo y que todos los cálculos de sus astrónomos fundadores verían compensado su trabajo, cuando viva la ciudad, ésta reprodujera la armonía del firmamento y la gracia de los dioses se hiciera carne en cada una de sus gentes, ¡sea pues, bienaventurada Perinzia!, y ése es el cometido y la finalidad de la planificación y los planificadores, proyectar el futuro en base a la información que se conoce por los medios propios que producen los facultados de ciencia para procurar un lugar amable donde poder vivir; ¿pero qué sucede si los facultados de ciencia dicen cosas como éstas, empezando por el diagnóstico?:  

·         “El resto de la expansión se dio por invasiones y por crecimientos oportunistas de personas que buscaban terrenos ocupables a bajo costo, a pesar de sus condiciones de habitabilidad relativamente pobres” (pág. 10);
·         “…usando plenamente los terrenos no construidos y densificando la vivienda y recuperando edificios que pueden tener usos más intensos, orientados al turismo, la vivienda y a un comercio más sofisticado” (pág. 11);
·          “no existen facilidades deportivas ni parques ni centros comerciales” (pág. 13); con respecto a la costanera norte, pues, al parecer todos los problemas se resumen en que no se puede intervenir para construir un eje turístico de calidad, en un lugar agraciado por la fuerza de su paisaje.
·         “Es indispensable terminar con las inundaciones que se dan dos o tres veces por año en los sectores sur de la ciudad. Es necesario estudiar qué solución se puede poner en práctica para que el río no se salga del cauce, sean diques en las riberas o desvío por otros cauces arriba…” (pág. 22);
·         “Sería importante definir una ordenanza local de construcciones para mantener la unidad de estilos de diseño para mantener un carácter uniforme en las nuevas construcciones, de acuerdo con las características arquitectónicas que predominaron en la ciudad en el pasado” (pág. 22);  
·         “No es claro si esta dependencia del Estado ha desplazado a la inversión privada, pero es un hecho que la ciudad no ha conseguido atraer inversiones privadas que aprovechen tanto sus recursos turísticos como sus ventajas locacionales como puerto” (pág. 45)
Una costosa batería de razonamientos que se articulan en base a un modelo de ciudad que privilegia al turismo como motor de la misma, ¿pero qué clase de turismo?, ¿local o el intensivo? (intuyo que se refieren al foráneo), al nacional no se refiere, por lo menos explícitamente, ni a la capacidad de disfrute e inversión de los mismos limonenses en su ciudad. Es un documento que pareciera condenar todo lo que no parta del turismo (intensivo) como base económica de Limón, y, a su vez, es una “condena con costas” a la misma ciudad por no tener una infraestructura adecuada para ello, pero invisibiliza lo que debería ser una política pública concertada para la promoción de ésto que tan amargamente demandan de modo reiterado a lo largo de tantas páginas.

La pobreza es descrita casi como una vergüenza, una costra multiplicada y que puede ser cada vez más costosa en términos de necesidades para nuevas casas, equipamientos e infraestructuras, casi como la pescadilla que se muerde la cola; el concepto de «invasión» de predios es un concepto amortajado, en tanto que, sólo alude a la función patrimonial de la propiedad pero no a su función social cuando los terrenos están en franco desuso; es un discurso que busca estigmatizar las casas pobres, y detrás de ellas a los pobres, que las construyen no precisamente por “oportunistas”, sino en ausencia de trabajos y condiciones laborales dignas que les procuren un adecuado acceso al derecho  a la vivienda con todo lo que ello comporta; para muestra, en el mismo informe señalan que se advierten barrios con un fuerte predominio de mujeres en la jefatura de esos hogares, y cuando estas estadísticas reiteran esa ocupación, la interpretación que hacemos desde la perspectiva de género es que son áreas al borde de la exclusión social, donde la pobreza se feminiza y se agrava ante la ausencia de los más básicos servicios socioeducativos, sociosanitarios, deportivos y transporte, entre otros.

En temas de urbanismo, me llama poderosamente la atención el hecho de querer “meter en cintura el cauce de un río” mediante “diques en sus riberas” o costosas y desgarradoras obras hidráulicas sin previos estudios de impacto ambiental en vez de revisar, críticamente, si es necesario el despeje y realojo de familias que han construido sobre unos márgenes en los que nadie debería construir viviendas, precisamente, por el peligro que representa la subida del cauce del río en tiempos de lluvia y esos ciclos naturales son inevitables, lo único evitable sería no estar allí, previa catalogación como zona restringida para todo uso que no sea meramente paisajístico. ¿Te imaginas el costo de construir diques en las riberas de todos los caños?, ¡una locura!; o el tema de perseguir una “unidad de diseños arquitectónicos que se parezcan a las arquitecturas del pasado”… definitivamente, no es léxico de urbanistas.

De primero, el tratamiento de los muros urbanos podría y debería tener unicidad, pero el de sus piezas arquitectónicas, no; o por lo menos, no necesariamente. Yo no pienso que la mejor arquitectura sólo se haya visto en la que se construyó en el pasado, y que la que está por proyectarse carezca de valor ¿?, o que no pueda ser objeto de patrimonio ¿?, ¿cómo puede carecer algo de valor que ni siquiera está imaginado? Pero supongo que les excedió el interés de querer recomendarlo todo. En fin, mi idea no es discutir, como si fuera Pepe Grillo, pedazo a pedazo, un documento que también tiene sus virtudes diagnósticas interesantes por los datos que arroja. Creo que en su momento lo comentaste, era un punto de partida.

Ahora bien, si somos los llamados nuevos Astrónomos de nuestra particular Perinzia, creo que bien podríamos pensar a varias cabezas estos temas:

De primero, creo que la perspectiva correcta de abordar un plan de ordenación de la escala que sea, debería partir de principios y no de objetivos, pongamos por caso: el de la sostenibilidad. Los principios nos permiten no tener enfoques deterministas, ni multiplicados “a priori”; a diferencia que los objetivos, sí. El abordar el plan de ordenación con ciertos principios, nos permitiría ser exploradores, ampliar los rangos de las maneras de habitar, ser abiertos, tener criterios flexibles en la medida que las informaciones se vuelven más complejas y se triangulan con los actores sociales, porque partimos de entender que todas las relaciones que se dan sobre un territorio son evolutivas en el tiempo, se renuevan y se modifican, el ejemplo está en la misma ciudad, con la construcción de la nueva terminal en Moín y lo que ello representa como eje disparador de muchos vectores de interés para Limón.

Como principio, deberíamos partir de caracterizar el territorio en lo que tiene de singular, de potencialidades y fragilidades para reconstruir un conocimiento sistémico sobre esta base tangible, sus dinámicas, sus transformaciones, identificar el lugar; esta puesta en valor es lo que está sujeta a una interpretación cultural por parte de sus habitantes y construye la noción de paisaje, o de paisajes, según el lugar donde nos encontremos.

Ahora, te propongo un «zoom», pienso que no deberías descartar la posibilidad con esta moneda de estirar el arco del plan, hacia uno que abarcara toda la ordenación litoral de Limón. ¿Por qué quiero ponerte en apuros?, no te asustes, primero asomémonos a la idea, acariciémosla: puedo estar un poco confusa en cuanto a los límites administrativos del cantón, (puede); pero lo que sí es cierto, es que yo creo que el Plan de Ordenación Urbanística de Puerto Limón tiene y debe partir de una noción articulada de Territorio, es decir, desde la perspectiva que tienen los geógrafos sobre el Territorio; planificar, en parte, es como estar atentos a la gramática cuando usamos el lenguaje… debemos conocer sus estructuras profundas que, en el caso del Territorio, acusa a las relaciones entre muchas dimensiones que exceden los términos político-administrativos de la urbe:

¿cuáles y cómo son sus unidades naturales, paisajísticas, toponímicas, patrones fisiográficos, potencialidades agronómicas, equilibrios ecológico-funcionales, accesibilidad, cromatismo, golfos, zonas intermareales, fondos escénicos, ciclos mareales desde el punto de vista fisiográfico y climático, espacios de interés y los especialmente frágiles?, ¿cuál es su estructura geomorfológica?, ¿cómo es ese perfil costero, la relación con sus islas Quiribrí , sus caños y playas?, ¿qué influencias se evidencian en Limón con respecto a las dinámicas atmosféricas tan ventiladas por el litoral?, ¿qué zonas tienen mayor coherencia y homogeneidad paisajística?, ¿qué destino podrán tener las zonas prelitorales de Limón en el marco de esta actuación?, ¿Hasta dónde es aprehensible por los y las limonenses su propio paisaje?, ¿es que acaso se puede limitar el plan a lo que limite sólo su unidad político-administrativa, con simplemente mirar el plano?, o, ¿será preciso abarcar las actuaciones hasta el horizonte donde aprehendemos el paisaje con la mirada, o hasta donde nos alcanzan las relaciones de trabajo y ocio, que por supuesto, van más allá de la propia ciudad?, ¿y qué pasa con esas playas cercanas a las que fugan  los bañistas de Limón?, ¿cómo es su matriz biofísica, su zonalidad climática?, ¿cómo son las biodiversidades de sus ecosistemas?, ¿qué incidencia han tenido y tienen sus cauces y drenajes en los patrones de asentamiento?, ¿hacia qué zonas se dirigen la presión demográfica y edificatoria?, ¿cómo son sus suelos, su tectónica?, ¿cuáles son sus principales corredores ecológicos?, ¿cuál es y dónde está su patrimonio histórico?, ¿cómo se puede caracterizar sus infraestructuras de movilidad?, ¿qué riesgos y zonas de riesgo saltan a la vista?, ¿cuál es el modelo de organización de su territorio?

Como ves, mon cher ami, es sólo una parte muy estratégica del plan, a partir del cual se podrían derivar unas directrices para que puedan ser asumidas de manera progresiva desde las instancias encargadas de velar por su cumplimiento. Fíjate, yo es que me puse a pensar, sumariamente, poco después de la desazón que me produjo el documento, en las siguientes cifras gruesas:

Un crucero que recala en Puerto Limón trae unas 1.400 personas; en el año 2004 atracaron 140 cruceros alcanzando a un total de 196.000 turistas; pero en lo que va de año, han atracado 50 cruceros, significa que esos 50 cruceros han traído unas 70.000 personas éste 2012. Si cada una de esas personas “hipotéticamente” consumiera en Puerto Limón unos 50$/día, estaríamos hablando que en lo que va de año “podría” haber quedado unos 3.500.000$. Pero tú y yo sabemos que ese turismo tan demandado en el informe es estacional. La mayoría de ellos ni siquiera da una vuelta por la ciudad porque los circuitos turísticos del país, ya los esperan para llevarlos hasta otros lugares. Así que de eso, poco.

Ahora bien, siguiendo con mis toscas cuentas, si Puerto Limón tiene unos 100.000 habitantes, estimo que unos 20.000 bajen directamente hasta el Centro a diario. Estos sí se gastan no menos de 2$/día en transporte, lo que son 40.000$ sólo en transporte, un día cualquiera. Que en compras, esos 20.000 se gasten una media de 10$/día, ya van siendo unos 200.000$/día. Agreguemos a estos 240.000$/día, ése gasto sólo en días laborales al año (180 días), ya la cifra se nos va a 43.200.000$ en sólo los 180 días laborales al año y partiendo de los bolsillos de los y las limonenses. Pongamos en la balanza, unos hipotéticos 3 millones y medio provenientes del turismo foráneo estacional, y la conservadora cifra de 43 millones provenientes de los bolsillos locales, es como para pensárselo. ¿Qué te quiero decir con esto?, ¿lo intuyes, verdad Roger?

La lectura que hice de la ciudad es que tiene una razonable e inequívoca coherencia consigo misma, sus patrones culturales, sus demandas, el patrón de consumo de sus moradores.

No quiero decir con ello que el turismo no sea un eje interesante de desarrollo para la ciudad, y para toda la zona, no es eso; pero lo que no se puede pretender es exigir algo que no se ha promovido asertiva y coherentemente como proyecto de Estado, ni está a la escala de la ciudad como parece ser el deseo del informe, ¿pero quién ha decidido ese modelo de turismo?, ¿a partir de qué?, ¿en nombre de quién? A lo mejor, lo que hay que repensar es en la dotación de unos espacios públicos de calidad, con su tremenda costanera que sirva para actividades de ocio y protección del litoral; que esos espacios públicos y de cohesión social no sean espacios «tematizados» hacia la actividad turística que se impulsa a escala de las «ciudades globales» tratando de emularlas, sino para el disfrute discreto, intimista e intercambio de los y las limonenses, los y las costarricenses, y que, toda vez que consigan abrirse esos espacios para el provecho y la apropiación colectiva de sus ciudadanos y ciudadanas, puede que empiecen otros foráneos a mirarlos con otros ojos a la luz de lo que la cultura popular de esa zona del país pueda promover en ellos. A lo mejor, la escala de las intervenciones (con excepción de la infraestructura de movilidad) sean objeto de microurbanismos que hagan más sostenibles las inversiones para ir promoviendo la verdadera articulación y mejoramiento de la calidad de vida dentro del territorio, aprovechando, inclusive, algo que mencionan los de la FLACSO como lo es el comercio minorista, el sentido de anclaje y pertenencia de sus habitantes, los cuales tienen en un 63 % su vivienda propia, aunque el 22% de su parque edificatorio esté en condiciones de precariedad en cuanto a su habitabilidad (es el mayor porcentaje del país, cuya precariedad del parque edificatorio ronda un 7%). Por eso también te digo que los diagnósticos y sus principios son muy importantes, porque van develando a la novia. ¿Quién me dice a mí que Limón no puede ser otro hermoso, participativo e interesante laboratorio urbano?, si eso se lograra, Roger, aparte que ganes un pedacito del Cielo, tendría tanto más mérito por lo especialmente complejo de la articulación de instancias, y cartera para la financiación de las obras estratégicas. ¿Es que acaso no puede ser una ciudad inclusiva, concatenada a una red de bioparques, acuario, calles-canal, ciclovías como parte de la llamada «ecomovilidad» o «movilidades blandas», chiringuitos, ventas de cucucruchos de maní, su puerto, y una miríada de pequeños locales comerciales que exploten, precisamente, la veta de la escala de pueblo que tiene?, ¿no sería interesante comenzar a escribir en Limón un discurso de esas actuaciones, que resemantice el espacio público a partir de códigos culturales propios que están presentes en las diversas identidades costarricenses?, ¿si Lerner lo logró en Curitiba, por qué no se podría en Limón?  

Yo sí extrañé un cine allí. También lo extrañé a las primeras de instalarme en Larache. Pero después no me hizo falta. Larache, forma parte de las ciudades de cultura mediterránea, aunque esté sobre el Atlántico; tiene una intensa vida social en sus calles cuando cae la tarde. Las y los larachíes salen a pasear por su atrofiado Balcón Atlántico, por las calles, por su boulevard Hassan II y Plaza España hoy, Plaza de la Liberación; y por peregrinar, van hasta el cementerio Lalla Menana a recrearse y a buscar paz, sosiego y a compartir sus penas las mujeres con la santa.

No creas que es una cosa extravagante lo que te estoy diciendo: No necesité un cine. Las salas que conocemos son franquicias para el consumo de los productos de la industria norteamericana, básicamente. Cuando en una ciudad, la gente prefiere ver la televisión, o “pegarse” a una antena sin pagar el servicio del cable, se lo piensa si tiene que, como yo, pagar 6,50 € por ir a ver una película en la gran pantalla, cuando tiene acceso gratis las 24 horas a películas (según ellos). Aquí en Cádiz voy un par de veces al mes, si hay algo interesante de ver en cartelera, y no ocurre muy a menudo, créemelo, las salas de cine de autor brillan sólo en el verano. Esas franquicias de las que te hablo necesitan un nivel de ingresos medios para darse el lujo de instalarse en una ciudad, cuando Puerto Limón tenga esos rangos de ingresos, aparecerán tantos cines necesite la demanda, del mismo modo en el que aparecen sucursales bancarias en determinadas localizaciones, y en otras no. Es así. Ningún inversionista privado va hacer la erogación de recursos para perder en un negocio, de lo contrario, sería tener unas salas de cine que se reconvertirían en lugares de culto religioso, lo he visto. Mis cuates de Capirugente, en Maracaibo, inauguraron hace muchos años una especie de “cine guerrillero”. La asociación-plataforma, conformada por cultores populares, periodistas, sociólogos, poetas, pocos músicos, menos arquitectos confundidos (como yo), cuadros muy claros y convencidos de la creación de discursos populares-contrahegemónicos; tenían proyector, portátil y pantalla, voluntad e ingenio. Participamos de los cines de barrio, llevados a las zonas donde la gente nunca ha ido al cine, lejos, en la periferia de la ciudad; para mi sorpresa, la mayoría de los venezolanos sigue sin conocerlo ¡y no te imaginas las caras de esos niños, mujeres y abuelas asistentes!; alguno de la plataforma Capirugente se decepcionó cuando a la vuelta de la próxima cita nos pidieron en uno de los barrios «La Pasión de Cristo», hubo división de opiniones, porque ya sabes cómo es esto: la gente de ciertas izquierdas siempre quiere ser muy autorreferente en cuanto a discursos y pensamientos, e imponérselo a los demás. Nos planteamos seriamente una dura discusión sobre qué era lo más importante: ¿ampliar la plataforma y articular nuevos actores y sujetos sociales, acercándonos a la gente a partir de sus intereses?, o, ¿seguir condenados a ser una minoría impoluta y machacona, bajo la batuta de una inflexibilidad principista que no nos dejaba avanzar políticamente, ni consolidar una base social de apoyo que sirviera a otro modelo democrático? Les proyectamos a la siguiente semana «La Pasión de Cristo», no hubo huesos rotos y tan felices todos, menos unos poquísimos amargados.

Y esto me trae a la memoria a mi bisabuelo, negro, de casi dos metros de alto, natural de Trinidad y Tobago, babalao, cientos de cuentas de coral en su pecho y con dientes de oro, vestido de lino blanco, impecable. En mano: bastón de caoba y acabado de puño en plata, y que descubrió el cine ya viejo. Sólo vio King  Kong y como unas sesenta veces. Se acicalaba cada tarde con el mismo esmero que se daba para sus rituales mágicos y las lecturas de sus mandalas, estaba abducido por el gorila de la gran pantalla, como los niños de los barrios periféricos que te conté; se reía y lloraba a mares siempre cada tarde de su cita en blanco y negro; su mujer, mi bisabuela, lo dejó de acompañar cuando empezaron ponzoñosos cotilleos, burlándose de la pasión cinéfila del viejo, una pasión incomprendida y que me viene persiguiendo a través de los besos y el amor de mis pasadas generaciones, hasta que pueda entregar de nuevo el testigo amorosa y delicadamente, a la sangre de mi sangre, según el protocolo. Cierto día, llovía; mi bisabuelo casi no iba a poder ir al cine, y escampó. Se trajeó de lino, sus zapatillas de charol y daba saltitos por sobre los charcos para no ensuciarse. Pasaron unos necios imberbes a su lado y comenzaron a burlarse de él, que si era la novia del gorila, por ir de blanco, endomingado y por ser negro. Se volteó con toda la ira que le puede caber en un instante a un hombre y le partió el bastón de caoba en la espalda a uno, y luego, se le partió el corazón. En la sala de cine, ese cierto día, la película se proyectó a las butacas vacías.

Dice Calvino:

En las calles y plazas de Perinzia hoy encuentras lisiados, enanos, jorobados, obesos, mujeres barbudas. Pero lo peor no se ve; gritos guturales suben desde los sótanos y los graneros, donde las familias esconden a sus hijos de tres cabezas o seis piernas”
y el pasaje no deja de ser inquietante. Pero es que yo lo comprendí de inmediato cuando vine por primera vez a Cádiz. Por el Paseo Marítimo veía a los lisiados, enanos, jorobados, obesos y… en cuanto a las mujeres barbudas, creo, es un guiño a un espacio público donde las personas que traspasan una sexualidad heteronormativa también se abren, disfrutan de él, ya como individuos, ya como movimiento vindicador de su derecho a la dignidad y a la diferencia, ¿o es que no has visto las enormes marchas del Orgullo, en San Francisco, Madrid, inclusive, en Tel Aviv? Allí encontrarás a las mujeres barbudas. Y es que es éso, cuando en una ciudad se modelan y construyen espacios públicos de calidad, cuando se retoma el pulso de la igualdad como referente inequívoco en lo que nos es común, los espacios públicos pensados seriamente desde la ética de la accesibilidad y como generadores de sociabilidad urbana, también se abren a las personas que más sufren por sus limitaciones físicas; ellos pueden disfrutar de las zonas más nobles de la ciudad en condición de igualdad. En una ciudad que no exista ese componente, difícilmente verás “pasear” por ella a los que tienen movilidad reducida, no habrán lisiados, ni enanos, ni jorobados y los monstruos que claman por salir, seguirán encerrados porque no existe un lugar donde ellos tengan espacio para pasear sus soledades.

Pero volviendo al tema de los centros comerciales y los cines, ése es un consumo que típicamente orbita en un sector de clase. ¿Estoy en contra de ello?, pues no, no formo parte de los amargados de mis amigos con los que compartí y comparto muchas ideas. Yo, por otra parte comprendo que existe un interés no sólo por mejorar la calidad de vida de los ciudadanos y ciudadanas de Limón, sino de atraer a clases medias, técnicos cualificados del cantón o del país, y que, ciertamente, hay que abrir la oferta de la ciudad a ese tipo de consumo. Cuando casi nadie lo sabe, los pocos que lo saben, pronto lo olvidan: Uno de los ejes de desarrollo de la China fue, precisamente, la atracción de las clases medias a las ciudades de los ejes litorales mediante una política planificada del Estado en materia de vivienda y dotación de infraestructuras y equipamientos de calidad. ¿Cómo atraer a los técnicos, y profesionales, la clase pensante e intelectual para promover el desarrollo de sus ciudades portuarias?: Ha sido sólo con la política de la seducción y oferta de una calidad de vida en las ciudades litorales y en las ciudades portuarias.  En cuanto a la vivienda, cuando no estaban exentos de pagarlas, éstos trabajadores pagaban un arriendo que nunca superaba el 10% de sus ingresos familiares mensuales. Servicios gratuitos y de calidad, guarderías, escuelas, dispensarios de salud, parques, opciones de movilidades a muy bajo costo, acceso al ocio, y así, de ésta manera, el Estado chino cumplió su papel de seducción de esas capas medias; o qué decir de la política para la creación de Silicon Valley; es decir, el desarrollo de Limón tiene que articular unas políticas públicas dirigidas a potenciar la zona, por lo menos desde sus puertos como ejes timón de una vasta red de engranajes productivos. No creo que sea algo que pueda empezar a valorarse como quien deshoja una margarita, sino actuar decididamente sobre ello concertando diversas dimensiones de su política pública, es una apuesta tan cara como necesaria hacer de la ciudad portuaria un eje de desarrollo, inaugurar y promover otras lógicas económicas y galvanizar la inversión privada, ganarle a una economía gansgteril que ya comienza hacer estragos en la pesca artesanal, y, acto seguido, promover los pequeños y medianos emprendimientos ante la inminente anemia de recursos que caerá sobre la Junta de Administración Portuaria de la Vertiente Atlántica en el mediano plazo, y ante las demandas emergentes del nuevo puerto: astilleros de reparaciones navales, servicios e industrias conexas, talleres de reparaciones mecánicas, eléctricas, servicio de recogida de desechos, ventas de publicaciones y cartas náuticas, servicios de avituallamiento de buques, entre otros.

Ahora bien, me interesaría aún dar las pinceladas finales, sobre algo que el grueso de las personas desconoce y hasta confunde: la dimensión de la arquitectura y la dimensión del urbanismo, sus roles dentro de un plan.

He leído sobre la necesidad que en el Plan de Ordenación Urbana de Puerto Limón se establezcan mecanismos para el rescate del patrimonio arquitectónico de la ciudad porque sus construcciones, a falta de un adecuado mantenimiento, muestran signos de evidente deterioro. Saludo el interés porque entiendo que recuperar esas piezas urbanas es una manera de recuperar parte de la memoria colectiva, partiendo de unos prototipos desarrollados por las arquitecturas en las economías de enclave que son comunes, en África y en América Latina, y que supieron entender la climatología local para adaptarse a ella: elevación del suelo; techos altos a cuatro aguas y prolongados sobre galerías a modo de generosos sombreros para evacuar rápidamente las aguas de lluvia y alejar la humedad de los cerramientos; ventanas angostas y altas para dejar entrar la brisa y expeler por convección el calor a través de los altos de las ventanas y los cielos rasos, procurando en todo momento el efecto de la ventilación cruzada; empleo de la madera como material abundante y modulable que garantizaba una rápida ejecución de las obras; proyección de aleros y ménsulas que protegieran los muros de las inclemencias solares y los intensos períodos de lluvias, etcétera. Muy bien, como tema arquitectónico es incuestionable. Como tema urbano, no es de primer orden. ¿Por qué?, porque una pieza urbana, por muy noble que sea su restauración, no va a modificar en absoluto las dinámicas que se suceden en su contexto urbano y hay pocos dispositivos capaces de hacerlo (a menos que hablemos del Museo Guggenheim de Bilbao, crasa excepción en la historia reciente de las ciudades, por demás, irrepetible), esos dispositivos se encuentran en el urbanismo y son tres o cuatro: reestructurar el patrón de las movilidades, crear espacios públicos vertebradores de ciudad, redensificar y mixturar los usos en los tejidos urbanos existentes y, reconvertir y reciclar infraestructuras vinculadas al transporte, así como los vacíos urbanos; amén de que estas obras para poder trocar las dinámicas urbanas, deberían construirse en un arco de tiempo que vayan de los dos hasta los cinco años como máximo, porque de lo contrario, se corre el riesgo de perder las inversiones o el impacto. Proyectar estos elementos y asegurar la cartera de ésas inversiones estratégicas, es lo que podría introducir a escala de Puerto Limón la llamada a la inversión privada en claro encuadre dentro de un Plan que resuma la visión de ciudad a la que se aspira, y remontar la cuesta de las dinámicas urbanas por otras de mayor calidad y sostenibilidad. Asegurando unos cuantos proyectos estratégicos a escala urbana, que permitan conectar y contener el crecimiento de sus zonas periféricas, podríamos asistir al relanzamiento de una miríada de “acupunturas urbanas sincronizadas”, o “microurbanismos” de manera sistemática y progresiva que poco a poco mejoren y dinamicen la ciudad, es cuestión de afinar el ojo y la puntería para dar en el centro de la diana.

Tú, Roger, al igual que Calvino, con una mano acariciándote el mentón, quizá, no sin ciertas reticencias podrás enfrentarme desconfiado al último párrafo del cuento, como en un último duelo:

“Los astrónomos de Perinzia se encuentran frente a una difícil alternativa: o admitir que todos sus cálculos están equivocados y que sus cifras no consiguen describir el cielo, o que el orden de los dioses es exactamente el que se refleja en la ciudad de los monstruos”   
…y yo te diré que cuando vea a los monstruos bailando zarzuelas en las plazas, a los de tres cabezas y seis piernas andar por Limón, en vez de seguir ocultos en los sótanos… me dará más o menos igual saber dónde estuvo el equívoco; yo sólo tengo pendiente ir en busca de cierta barba que me abandonó y anda cantando zarzuelas por allí y por allá, así de descarada y exhibicionista, mandándose sola. ¡Ay Dios!, ¡ya no soy la barbuda que era!, ¿dónde está mi barba, Roger?, ¿dónde está?

Mon cher ami. Hasta aquí llegan mis cartas y mis cuentos de Calvino, las he disfrutado escribiéndolas para ti. A pesar de tu silencio, has sido un perfecto estímulo para escribir sobre una montón de ideas desmelenadas pero eso sí, muy acopladas a mi sensibilidad, mi ética y mi experiencia. Sólo nos falta una cierta ópera prima, pero será lo que Dios quiera que sea.

¡Allah u akbar!

Recibe un abrazo, mi fe, y la más alta de mis consideraciones.





Elsy







En Cádiz, a 12 de noviembre de 2012

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Fotografía de Stefania Scamardi Fortuna
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He estado presenciando como muchos de ustedes con profunda tristeza e impotencia el incendio de la gran floresta y pulmón de nuestro planeta. No voy a hacerme coro de los que se debía haber hecho y no se hizo, es inútil. Esta atroz catástrofe ambiental no sólo debe movilizarnos para poder incidir a nivel político y cultural sino repensar muchas cosas, desaprender otras. Me aterra el solo hecho de imaginarme a tantos seres vivos muriendo desollados, es algo que no aguanta mi corazón porque me veo y me siento muriendo también de la misma manera; o, imaginarme abrir un día mi ventana y tener muy presente que una nube de hollín venga a cebarse mis pulmones, a desalojarme de mi morada, a borrar mi huella, a acabar con mi historia. Esto me obliga a repensar más en cuáles de mis micro-decisiones cotidianas ayudan o agudizan esa entropía.
¿Quo vadis Humanidad?
Ha comenzado a llover…
Ayer 23 de agosto, una invitación a travé…